A Serbian Film
(Por Paco Gisbert) – El cine porno y el cine convencional son como dos hermanos que, nacidos de la misma madre, eligieron seguir caminos diferentes e, incluso, ignorarse. Sólo en sus comienzos en la legalidad, el cine porno intentó parecerse al cine convencional, pues, en ese lejano pasado, las películas se exhibían en las mismas salas comerciales, gozaban de los mismos canales de publicidad para su promoción y, en ocasiones, las veía el mismo público. La aparición del vídeo y el consiguiente abaratamiento de los costes de producción alejaron definitivamente del cine convencional los intentos del porno por parecerse a él. En la orilla contraria, el cine convencional ha tratado casi siempre con desprecio al cine X y la memoria cinéfila sólo recuerda algunos filmes aislados en los que se han reproducido los ambientes del porno (Boogie Nights, Inserts, Doble cuerpo) y muy pocas en las que la aproximación ha sido a los mecanismos narrativos del cine para adultos (Fóllame, 9 songs).
Jamás una película de cine convencional se ha acercado tanto a la esencia del porno como A serbian film, una cinta de Srdjan Spasojevic que comenzó su periplo de festivales internacionales en Bruselas y que, con un poco de suerte, podremos ver en Sitges, la Semana de Cine Fantástico de San Sebastián y el Festival de Cine Fantástico de Málaga. Sin ánimo de hacer spoiler, os diré que A serbian film cuenta la historia de Milos, un actor porno retirado, casado y con un hijo, que recibe una oferta irrenunciable para participar en una película X. La película terminará siendo una pesadilla para Milos, quien se ve atrapado, poco a poco, en una trampa llena de perversiones y de horrores.
A serbian film es, sobre todo, una película de terror. Pero también, y eso es lo que más nos interesa, una profunda reflexión sobre los límites del porno, sobre lo que es lícito filmar y lo que no. La cinta serbia contiene imágenes durísimas de sexo violento, necrofilia y pedofilia, se tiñe de sangre y horror, pone en escena una atmósfera opresiva que, incluso a los que estamos acostumbrados a ver las cosas más extrañas en una película X, pone los pelos de punta y contiene escenas de sexo explícito, algo difícil de ver en el cine convencional. El protagonista, primero por el contrato que ha firmado y después bajo la influencia de las drogas, realiza actos sexuales de un salvajismo extremo con la excusa de la creación artística del productor como bandera y, finalmente, la pesadilla deriva en una “snuff movie” en toda regla.
La espiral violenta de esta magnífica mirada a los límites del porno comienza con gestos que hemos visto más de una vez en las películas X. Prácticas como tapar la nariz de la actriz mientras realiza una felación, golpear a la compañera de escena en pleno éxtasis sexual o escupir sobre las chicas son bastante frecuentes en un tipo de porno denominado extremo, que surgió a raíz de la generalización del gonzo como subgénero y que, en la película de Spasojevic, son el primer eslabón de una cadena que no parece tener límites. Aquí, sin embargo, tiene forma de película “arty”, muy alejada en su concepto de lo que se entendió como “art porn” en la década de los setenta, pese a que algunos de aquellos filmes (véase Femmes de Sade o Waterpower) contuvieran escenas sexuales rayanas con la violencia.
Es difícil que veamos A serbian film en las salas comerciales de nuestro país. En primer lugar porque no parece factible que encuentre distribución en España, donde, sin ir más lejos, una película como Saw VI fue clasificada X y no se pudo estrenar. En segundo porque pocos distribuidores son capaces de apostar por la carrera comercial de una cinta tan cercana al porno que, sobre todo en su primera parte, no se diferencia demasiado de muchos de los filmes X que podemos encontrar todavía en los videoclubes, virtuales o reales. Esperemos que, al menos, la película haga tanto ruido en su paso por los festivales españoles que llegue algún día al mercado del dvd.




















