Cine indie y picante

(Por Paco Gisbert) – Hace más de un año, Rubén dos Santos (Barcelona, 1975) inició el rodaje de “Psicosis homicida”, un thriller que mezclaba el terror y el erotismo en la línea de sus anteriores trabajos, “La huella del deseo” y “El precio del pecado”. Durante tres meses, de forma interrumpida, Rubén rodó secuencias de lo que iba a ser el filme, como un rompecabezas que sólo se podría armar en su cerebro en la sala de montaje. Una larga enfermedad truncó el plan de filmación previsto por Dos Santos, quien permaneció durante casi ocho meses apartado del mundo del audiovisual, en el que lleva trabajando desde su adolescencia. De aquella convalecencia, Rubén salió con un proyecto aumentado y mejorado, con una visión muy diferente de lo que sería finalmente “Psicosis homicida”.

La nueva “Psicosis homicida” le ha dado la vuelta al concepto que del mismo filme tenía su propio director. Antes era un thriller erótico, en el que el sexo era elemento fundamental de la trama; ahora es una película convencional, de bajo presupuesto, en la que lo importante es su trama y en la que el sexo salpica la acción, como un elemento más de su desarrollo.

Desde mediados del pasado mes de marzo, Dos Santos ha retomado el rodaje de su película con la misma cadencia con la que siempre ha trabajado: filmando de forma discontinua, en ratos libres, en pausas que dejan empresas colaboradoras o patrocinadores para utilizar sus instalaciones o servicios.

Y hace unos días, Rubén contacto conmigo para ofrecerme un pequeño cameo en la película. No soy actor (y si lo fuera sería un actor horrendo), pero me he prestado a colaborar en pequeñas apariciones en muchos tipos de películas, siempre por amistad, a pesar de que me hayan adjudicado papeles bastante chungos: empresario sin escrúpulos (“Síndrome laboral”, de Sigfrid Monleón), cliente de un puticlub (“Yo puta”, de Luna), periodista (“El caso de Marcos Rivera”, de Pedro Uris, y “Mi padre”, de Giancarlo Candiano) o policía (un episodio de la parte de ficción de “Todos a 100” y “Psicosis homicida”). Intento salir del paso como puedo, comportándome como si fuera un actor, aunque en realidad sea un patético figurante.

El pasado día 4 de julio rodé la secuencia en la que Rubén me había reservado un papel junto con el actor de cine convencional Toni Corvillo y el fotógrafo Pedro Paisal. Fue, como es obvio (si ni me imagino ser actor, mucho menos actor porno), en una secuencia de las llamadas “de comedia” por los profesionales del cine X, pero que el resto de la industria cinematográfica denomina “dramática”. Una reunión de policías corruptos entre los cuales se encontraba mi personaje.

Y en ese día de rodaje, en una calurosa Barcelona, entendí que Rubén dos Santos busca abrir nuevas vías de explotación del cine erótico a través de una película cuya principal etiqueta es la de ser independiente. Cine hecho con mucho esfuerzo, con la ayuda de los amigos, sin dinero pero con imaginación. Cine que intenta encontrar un hueco en las preferencias del espectador a través de filmes que mezclan diversos géneros cinematográficos, desde el terror “gore” hasta el erotismo, pasando por la comedia romántica, la acción o el cine negro.

Y, para ello, Rubén ha completado un elenco con más de 40 actores de diversas procedencias, desde la televisión o el cine hasta el porno, desde los amigos y conocidos hasta el teatro independiente. Un batiburrillo de personajes para un filme ambicioso del que Dos Santos no suelta prenda: sólo sabemos quienes participamos en ella la parte que nos toca. Él es el único que tiene en la cabeza todo el guión de la película para armarla en su proceso final.















