Iniciamos el repaso de la Historia del Cine Porno Español
(Por Kaiser Guillermo II) – Estrellas del Porno ha decidido iniciar una sección sobre la Historia del Porno Español, me parece una gran idea ya que servirá para dar a conocer a las generaciones más jóvenes cual ha sido el trayecto hasta el día de hoy. Para mí constituye un orgullo que se me haya encargado iniciar la serie, ya que me sirve para desempolvar recuerdos y papeles, al tiempo que espero no aburrirles con viejas batallitas, cosa que intentaré evitar. A riesgo de caer en un cierto corporativismo, empezaré la serie recordando como empezó a hacerse la crítica y la información sobre cine porno en España, a partir del momento en que se legalizó la difusión del mismo en nuestro país.

Hemos de situarnos en un país que salía de una dictadura, donde muchas de las cosas que hoy nos parecen normales estaban prohibidas; el sexo, evidentemente, era una de ellas, esta situación continuó en la transición, siendo las películas eróticas, clasificadas S, las únicas que se exhibían; cierto es que ya aparecieron revistas de temática porno, pero en la gran pantalla nada de nada.

Los más atrevidos pudimos ver alguna porno que algún valiente traía escondida del extranjero, reuniéndonos en lugares muy cerrados y sin decírselo a casi nadie, recordaba la clandestinidad política, y allí en copias en general de baja calidad nos iniciamos en este mundillo. El 5 de marzo de 1984 es la fecha clave en la historia del porno español, ese día a raíz de un decreto del gobierno socialista, con Pilar Miró como factotum del mismo, se permitió la apertura de las salas X, rodaje de películas porno y distribución y venta de películas en video.

En ese momento se hizo necesario la información y la crítica sobre cine porno, pero lo más importante fue, que la misma no la solicitaban únicamente las revistas del mundillo, sino revistas especializadas en cine, como era el caso de Fotogramas. Así críticos de cine importantes hicieron su aparición en las salas X; el trabajo no era sencillo, no existían pressbooks ni ningún tipo de información previa, se iba a la sala portando una libreta, un bolígrafo y una linternilla, esto último era para poder escribir, había que anotar los nombres de actores y director, y las sensaciones que se te ocurrían a bote pronto.

Se iba a una sesión normal, es decir con público, por lo que la linternilla provocaba extrañeza entre los espectadores, e incluso entre los acomodadores, hasta que ya nos fueron conociendo, no éramos tantos claro; hay que indicar que por esos tiempos los acomodadores iban pasando, enfocando con la linterna no fuese que alguien hiciera lo que no debía hacer.

En mi segunda entrega les contaré con más detalle en qué consistía la crítica en sí, qué películas veíamos, y alguna anécdota que seguro les gustará.
















