La resurrección del FICEB

(Por Paco Gisbert) – En 1998, José María Ponce vendió los derechos de la marca Festival Internacional de Cine Erótico de Barcelona (FICEB) a la empresa Profei, por una cantidad simbólica. Profei, una empresa dedicada a la promoción de ferias, asumió el control de uno de los eventos más importantes de Europa con la finalidad de convertirlo en un referente para el mundo de la industria de entretenimiento para adultos. Pese a su nula experiencia en el sector, la empresa catalana, reforzada por su conocimiento en la organización de eventos, dotó al certamen de una mayor proyección y transformó el FICEB en un acontecimiento de masas.
La apuesta de Profei por el FICEB coincidió con el comienzo de la edad de oro del cine X español. Las producciones crecieron exponencialmente y la presencia de artistas nacionales comenzó a ser visible (e importante) en un festival que, hasta entonces, debía recurrir a las estrellas internacionales para tener visibilidad. Así, a partir de 2005, en los premios que repartía el FICEB, algo así como los Goya del mundo del porno, adquirió un relevante protagonismo el cine X español, que gozaba de una salud envidiable. El FICEB, además, ayudó a consolidar a algunos de los “autores” más importantes del porno nacional en aquellos años, como Narcís Bosch, Roberto Valtueña o Pepe Catman, y a potenciar, mediante los castings organizados por diversas productoras o por el propio festival, la entrada en la industria de nuevas estrellas.

Profei entendió que aquello era un negocio boyante y probó exportar el modelo a otros lugares del mundo. Y lo hizo trasladando a lugares como Lisboa, Ciudad de México o Bilbao parte del entramado del festival. El que, despojado de la vertiente cinematográfica, más atraía al espectador de a pie: el espectáculo sexual puro y duro. La apuesta dio más luces que sombras, ya que, mientras dinamizó el porno en Portugal, sufrió problemas relacionados con las “mordidas” en México. Pero creó un modelo que, con los años, ha acabado por rescatar al porno de la invisibilidad en la que ha estado confinado en los últimos años.

Aprovechando el viento a favor que propulsaba las iniciativas de Profei, otras empresas inundaron de festivales eróticos la geografía española. Si una ardilla podía atravesar España en los tiempos de los romanos sin tocar tierra, un pornófilo podía saltar mensualmente de festival erótico en festival erótico sin volver a la normalidad en aquella época. Las iniciativas paralelas gozaron de menor suerte que las impulsadas por Profei, en especial el Festival Erótico de Madrid, un evento apoyado por empresas del sector descontentas por la gestión del FICEB. Sólo duró dos ediciones y la última de ella culminó con una pelea barriobajera en plena gala de la entrega de premios.

Con la crisis del sector y la modificación de los soportes de distribución del porno, el FICEB comenzó su ocaso hasta su defunción definitiva, tras un extraño traslado a Madrid, en 2008, que certificó el agotamiento de la fórmula. Quedaron algunos pequeños certámenes, ya no cinematográficos, en algunos lugares de España y Portugal como resistencia activa a la desaparición de los festivales eróticos. Uno de ellos, el Salón Erótico de Barcelona, intentó el año pasado la prueba de rescatar el espíritu del FICEB con una edición modesta, celebrada en mayo de 2010 en la Fira de Cornellá. El balance de aquel test fue positivo porque, ahora, en las fechas en las que a los pornófilos el cuerpo les pide festival erótico desde hace casi 20 años, la primera semana de octubre, el Salón Erótico de Barcelona vuelve para celebrar su segunda edición. Aspira a convertirse en un FICEB renovado con el tiempo y sólo el tiempo dirá si, con esa fórmula simple, desvestida de una pátina cinematográfica que ahora es inviable, volverá a tener el calado que, en su día, tuvo el certamen barcelonés.















