La sombra de una duda
(Por Paco Gisbert) – Para los historiadores del porno es difícil discernir cuál fue la primera película X producida en España en la edad moderna. Es cierto que, en la década de los años 20 del siglo pasado, los hermanos Baños, cineastas de gran prestigio en la prehistoria del cine en nuestro país, realizaron medio centenar de cortometrajes pornográficos por encargo del Conde de Romanones, quien, a su vez, recibía órdenes directas del rey Alfonso XIII. De aquellos cortos y mediometrajes sólo tres han llegado a nosotros: “El confesor”, “El ministro” y “Consultorio de señoras”. Pero también es cierto que no existe constancia de que, desde el comienzo de la Guerra Civil hasta finales de los años setenta, cuando la democracia comenzaba a asentarse en España, se produjera porno en nuestro país; España era únicamente un lugar de rodaje de algunas películas con sexo explícito en las que los directores daneses o alemanes, hubieron de sortear la prohibición que imperaba entonces.
Desde 1978 hay algunos vestigios de filmes X rodados en España, siempre en régimen de coproducción, con la intención de ser distribuidos en circuitos internacionales o por el sistema de venta por correo. Sin embargo, no fue hasta 1983, el año en el que el gobierno promulgó el decreto ley que autorizaba la apertura de las salas de exhibición de películas pornográficas, que el porno comenzó a vivir dentro de la normalidad democrática. Aquella norma legal impulsó el nacimiento de las salas X, los locales en los que se podían proyectar películas porno, por fin, sin sufrir un incómodo encontronazo con la ley, la primera semana de marzo de 1984.
En 1984, Jesús Franco se encontraba en pleno proceso de montaje de “Lilian, la virgen pervertida”, uno más de la serie de filmes que rodó en esa época en la frontera entre la “S” y la “X” y que, en algunos casos, se realizaban en doble versión: con simulación para España y con insertos de coitos para el resto de la Europa civilizada. “Lilian, la virgen pervertida” contaba la historia de una joven fugitiva que es raptada por una banda de sádicos viciosos e introducida en un espiral de sexo y dominación bajo los efectos de las drogas e incluía en su reparto a algunos de los compañeros de viaje del tío Jess en su posterior aventura en el porno, como Lina Romay, Emilio Linder o Antonio Mayans.
En plena posproducción, Franco conoció la noticia de que una ley de la Administración española había dado luz verde al cine X en nuestro país. Su espíritu pionero salió a relucir cuando, en una oportuna maniobra, introdujo en el montaje final escenas de sexo real para aderezar una cinta que había sido concebida como un filme “soft”, es decir, con sexo simulado, y rodada en escenarios naturales en Huelva y en un estudio de Madrid, según la opinión de algunos estudiosos de la obra del prolífico director madrileño. Si bien Franco siempre ha negado públicamente este extremo y ha subrayado que nunca modificó el montaje previsto, las escenas sexuales de la película arrojan más sombras que luces a su versión.
“Lilian, la virgen pervertida” se estrenó en los cines comerciales el 17 de septiembre de 1984 y tuvo el honor de ser la primera película X nacional exhibida legalmente en nuestro país. Pese a su apresurada factura, el público de la época estaba ávido de ver a los españolitos practicando el sexo en la pantalla y la película recaudó la nada despreciable cifra de 172.099 euros, dejados en taquilla por los 72.019 espectadores que acudieron a verla. Pocos debieron sospechar de que el sexo del primer filme X de la historia de España en la legalidad fuera real o simulado, filmado “in situ” o “a posteriori”.















