La tercera vida del porno español

(Por Paco Gisbert) – Hace más de 20 años, el porno español era un páramo. El cine X, nacido en la legalidad en 1984 y distribuido en las salas especializadas que acotó la administración española, había agotado su filón y nadie se atrevía a salir de aquel bache produciendo películas en vídeo, mucho más baratas y fáciles de comercializar. Parecía que el porno había muerto en España, pero el cambio de mentalidad se tradujo en una nueva industria que viviría sus años más boyantes entre 2001 y 2007, en la edad de oro de nuestro porno.

Al final de aquel periodo, la industria española de entretenimiento para adultos se encontró con una crisis impensable sólo unos años atrás. Los canales de distribución de entonces (videoclubes, sex-shops y venta directa) parecían agotados y el consumidor prefería la descarga directa de contenidos en internet, ya fuera de forma fraudulenta, ya fuera de forma legal. De nuevo se instaló el pesimismo entre quienes sostenían aquel negocio desde la producción y la dirección de largometrajes X. Internet era el enemigo, como 20 años antes lo había sido el vídeo como sistema de filmación. La negación de que los avances tecnológicos iban a cambiar las fórmulas de negocio propició un cambio generacional inevitable. Quienes habían trabajado durante años para elevar el tono del porno español debían dejar paso a las nuevas generaciones, más frescas, más despiertas, más llenas de ideas.

La tercera vida del porno español surgió entonces, cuando un grupo de emprendedores que confiaban en la red como medio de distribución de los contenidos y en el formato de escenas independientes como fórmula de producción iniciaron un camino completamente diferente al que se había seguido hasta 2008. Desvestido de su vertiente cinematográfica, el porno nacional inició su tercera etapa con el propósito de sobrevivir con dignidad en los nuevos tiempos. Más de una docena de páginas web especializadas en contenidos eróticos funcionan en la actualidad en España con éxito, mientras que la producción de largometrajes se ha reducido a una cuestión más o menos anecdótica: apenas se ruedan en nuestro país tres o cuatro películas al viejo estilo.

En el pasado Salón Erótico de Barcelona (SEB), su director, Juli Simón, tuvo la brillante idea de reunir en una mesa a las dos últimas generaciones del porno nacional. De un lado, los clásicos, aquellos que siguen apostando, pese a que los vientos soplen en contra, por un porno cinematográfico, como Roberto Valtueña, Ann y Marc o Xavi Domínguez. Del otro, aquellos jóvenes que llegaron al sector hace poco y han hallado una nueva vía para ofrecer sexo a los consumidores, los Borjan, Juan Piña o Totó García. En el medio, los que han reciclado sus propuestas y han pasado de filmar películas a grabar escenas, como Toni Ribas, Max Cortés o Dunia Montenegro.

La comida organizada por el SEB puso de manifiesto que, a pesar de que los conceptos de los que parten unos y otros son muy diferentes, los objetivos siguen siendo los mismos. Bajo la máxima del respeto común, ambos sectores expusieron sus puntos de vista, divergentes en unos temas, convergentes en otros, con el fin de devolver al porno nacional al lugar que ocupaba hace sólo una década. Las nuevas generaciones admiran la experiencia y el oficio de los veteranos; estos envidian la capacidad para llegar al público que han logrado aquellos. Otro porno español, en el que tienen cabida ambas concepciones del X, es posible porque las dos partes están dispuestas a aprender de sus errores y beneficiarse de la aportación del otro. Y, sobre todo, porque ambas corrientes son compatibles en un mercado que demanda todas las facetas que ofrece el cine con sexo.

Todo empieza por el reconocimiento de que la edad de oro del porno español fue un gigante con pies de barro, dominado por la estrechez de miras de muchos productores, constreñidos a unos esquemas que ahogaban la creatividad y que acabaron por matar la gallina de los huevos de oro. Liberados de esa figura, gracias a la tecnología, las nuevas generaciones saben que el gran valor de su trabajo está en ellos mismos, una lección que quienes siguen haciendo cine deben aprender. A ello puede contribuir el éxito del SEB en su segunda edición, que logró un espectacular aumento de visitantes y se libró, por fin, de las presiones de algunas productoras para mostrar más visibilidad que sus competidoras, una estrategia comercial que terminó por volverse contra ellas. Ahora que comienzan nuevos tiempos, con el propósito de no volver a caer en errores del pasado, el festival se plantea de nuevo abrir la vía al cine X y recuperar los premios, verdadera bandera el FICEB, del que es heredero natural.

Quizás si en 1991 a alguien se le hubiera ocurrido sentar en una mesa a la generación de cineastas que rodaban en 35 mm y a la que comenzaba a hacer películas en vídeo, la historia del porno español sería otra. Pero nunca es tarde si, entre todos, se rema en la misma dirección. Y esta tercera vida del porno español lo merece.
Fotos by Vahan Photo















