Las siete vidas de Nacho
(Por Paco Gisbert) – Hace ahora quince años, Nacho Vidal (Mataró, 1973) acudía todas las noches a la sala Bagdad de Barcelona a practicar sexo en vivo, ante turistas, curiosos y asiduos al local regentado por Juani de Lucía, con su novia, Sara Bernat. Eran tiempos difíciles. Nacho comenzaba su relación con el mundo del sexo pero, pese a la longitud de su miembro viril, no daba la talla. No empalmaba delante de la gente y, por una simple cuestión de necesidad, hubo de ponerse las pilas para poder seguir trabajando. Dos semanas después de su fracasado debut, Nacho aprendió a controlar su herramienta de trabajo, el instrumento que lo ha convertido en uno de los mitos sexuales de la sociedad española.

En estos quince años, la vida de Nacho Vidal ha dado muchas vueltas, como la de casi todo el mundo. Trabajó siete años en Estados Unidos, tuvo relaciones sentimentales con algunas de las grandes estrellas del porno norteamericano y, con su vuelta a España, alcanzó la categoría de mito tras la publicación de su biografía y sus constantes apariciones en los medios de comunicación. En 2004, ya convertido en una estrella mediática, Nacho fue invitado al Festival de Cine Español de Málaga como principal reclamo de la sección Zona Z, consagrada al cine alternativo, y fue la celebrity del certamen más aclamada por el público y la más solicitada por la prensa. Y estamos hablando de un evento por el que desfila todo el cine español, llamémosle, convencional.

El amor consiguió lo que no habían logrado las tentaciones de una vida en el cine “convencional”. Aunque Nacho metió la cabeza en el cine que se proyecta en las salas y goza de subvenciones, en filmes como “El alquimista impaciente” o “Va a ser que nadie es perfecto”, nunca abandonó el porno. Tuvo que ser una mujer, la colombiana Franceska Jaimes, la que forzara su retirada. Pero una cosa es ser una estrella del porno y otra ser una estrella del porno retirada. Las ofertas de trabajo no continuaron el ritmo de cuando Nacho follaba en las películas y el actor catalán tuvo que volver a hacer ejercicio delante de una cámara. A ello contribuyó su intermitente relación con Franceska cuyas pausas aprovechaba Nacho, cual parabrisas humano, para ganar dinero con el porno. En todo caso, Nacho es un tipo inteligente y ha sabido dónde invertir su dinero y, cosa mucho más importante, valorarse como marca. Los dos hijos que ha tenido con la colombiana han contribuido, de forma notable, a aguzar los sentidos de Nacho.

La crisis ha azuzado a Nacho a diversificar sus proyectos. A convertirse en un tipo incombustible, que puede quemar etapas pero nunca se quema a sí mismo. Es socio de un restaurante en primera línea de la playa de Mitjorn, en Formentera, ejerce como DJ, participa en programas de televisión, se implica en diversos proyectos con miras cinematográficas o televisivas y sigue haciendo porno. Es muchos Nachos en un solo Nacho Vidal. Un hombre con las vidas de un gato.

Hace unas semanas, apareció en Facebook la noticia de que Nacho se ofrecía como escort. En 24 horas le llovieron las ofertas, femeninas y masculinas. Se agobió tanto que hubo de dejarlo al día siguiente, pese a que sus tarifas no estaban al alcance de cualquier bolsillo. Incluso en eso, en saber diferenciar entre la utilización del cuerpo para generar dinero y la esclavitud del sexo por dinero, Nacho demostró tener las mismas vidas que un gato. Siete, ni más ni menos.


















