Marica tu, marica yo

Escrito el 09-02-2015 por admin sin comentarios

porno gay

(Por Alex Salgado) – Dicen que las opiniones son como los culos y todos tenemos uno diferente al vecino, no estamos obligados a compartir tren de pensamiento con nuestros congéneres. Pero últimamente hay algo que hace coincidir a las mujeres con las que me topo en el programa de radio: ¡El porno gay!.

No importa si son las remilgadas feministas que dicen que no la chupan porque eso es de furcias o las más guarronas del lugar. Todas coinciden en lo mismo: Les gusta mirar y consumir porno gay. Durante décadas el porno como lo conocemos es un territorio inhóspito que solo consumen de manera pública los más machotes del lugar. Rara es la mujer que admita públicamente que consume porno, normalmente se suele decir que estaba con una amiga y quería pegarse unas risas.

Seguimos viviendo en un país donde aquella mujer que admita tener gustos sexuales, será públicamente castigada, escarmentada y posiblemente humillada. Pero como decía, esa tónica se está rompiendo con el porno gay. Como si no se tratara de porno, como si habláramos de dibujos animados o directamente de algo sin malicia alguna. Las mujeres me confiesan desde hace poco que el porno gay está entrando en sus hábitos de distracción.

Incluso los propios gais que no salían del armario por miedo al “que dirán”, me hablan abiertamente de sus gustos pornográficos. Sin ir más lejos, llevo dos años topándome al marrano de mi ex-jefe en el SEB y solamente paga la entrada para gozar de los shows que propone la empresa Locura Gay. El porno gay es como un páramo maravilloso donde no existe la maldad y donde pueden dejarte los ojos secos de tanto mirar porno. Nunca nadie te acusara de ser un jodido pervertido, nadie puede ser un cerdo por admirar esos cuerpos esculturales.

Incluso el porno más sucio, con mariquitas escuálidos cumpliendo fantasías dignas de la más dura ultra-derecha, con sus botas militares incluidas. ¡Se salvan de la quema! No importa cual guarra sea la escena, si los protagonistas son gais, no se considera porno cerdo. Recordáis cuando de pequeños jugábamos al “pilla pilla” en el patio del colegio, siempre había una zona que llamábamos “casa”. Donde podias refugiarte para no ser el siguiente niño en tener que perseguir a los demás infantes. Pues parece que el porno gay se está transformando en esa “casa” que el porno español necesitaba, la industria lleva años buscando un lugar donde no ser acusado por las miradas pecaminosas de aquellos que odian el porno.

¡Parece incluso que tu mujer no tenga que poner el grito en el cielo si entra en el cuarto y te pilla mirando porno gay!. Esos cuerpos apolíneos, bronceados, esculpidos en mármol, con esas barbas tan perfectas. Con esos chicos que perfectamente podrían estar anunciando colonia en un escaparate del Corte Ingles. No hay maldad en el porno gay, nadie puede encontrar suciedad en dos hombres tan “perfectamente perfectos” dándose un beso y menos aún con esos penes…

Si, los penes. Porque además de ser guapos y altos, tienen unos penes de hierro. Grande, bonitos, enormes. Los penes del porno gay son los IPhone del sexo, todos haríamos horas de cola para tener uno igual. No importa si estas contento con tu Galaxy de tamaño normal y bonitas prestaciones. Tú quieres un pene como el que sale en la peli porno gay…

Porno gay

Esos chicos tan simpáticos, con sus uniformes de marineros y esos pantalones cortos tan arrapados. Ahora mismo podrían entrar en mi casa, armados con fusiles y sacrificar a toda mi familia. Que ni el jurado más estricto podría condenarlos, son tan perfectos que les perdonaríamos un genocidio heterosexual. Ahora bien, porque no ocurre lo mismo con el porno de lesbianas o porno de travestis. No entiendo dónde está la diferencia, porque mi mujer no mira porno de travestis. Que fina línea hace que el porno gay sea elegante, pero el porno lésbico sea asqueroso.

Porno gay

No entiendo que tienen de malo las amazonas del alt-porn con esos arneses tan maravillosos, cabalgándose sin parar hasta dejarse las vaginas como cañerías o desagües. En algún momento de la historia alguien hizo un pacto con el diablo para que el porno gay fuera librado de todo prejuicio y fuera el porno para pajilleros quien se llevara todos los insultos del mundo. Sinceramente me muero de envidia, no solo por no tener uno de esos cuerpos tan perfectos. Lo más grave es la envidia que me producen esas señoritas hablando libremente en un bar de porno gay, sin ser señaladas con el dedo.

Yo mientras, seguiré con mi porno descargado, mis pañuelos de papel y mi sentimiento de culpa…

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