Porno alternativo

(Por Jose María Ponce) – Suelo referirme al Alt porn como uno de mis géneros favoritos, pero no sé si mis lectores están al tanto de sus características y peculiaridades. Personalmente soy de la opinión de que, con etiquetas diferentes, porno alternativo ha existido siempre. Si nos remontamos a finales de los años 60, en plena efervescencia del underground cinema de Jonas Mekas y Andy Warhol, ya podemos encontrar elementos propios de un cine a mitad de camino entre la vanguardia artística y el sexo radical. Los personajes de las películas de Warhol, fronterizos y promiscuos, contienen elementos y actitudes que luego recuperaría el Alt porn. Más tarde, Richard Kern y Nick Zedd con su Cine de la Transgresión elevarían al rango de películas de culto sus obsesiones sexuales y su ferocidad estética. Elementos compartidos por el porno alternativo. En las películas de Gregory Dark o Antonio Passolini también pueden encontrarse rasgos estéticos que influenciarían a la nueva tendencia.


Las Suicide Girls, colectivo de chicas autónomas y desinhibidas, son el ejemplo más representativo. Herederas directas de las modelos de la revista Blue Blood, las suicidas han sabido generar una gran expectación sobre la base de mostrarse naturales y atrevidas. Huyendo de esa vulgar sofisticación de las estrellas del porno, esta nueva ola de chicas cambia los desmesurados zapatos de tacón y los vestidos extremadamente ajustados por pantalones vaqueros, faldas largas y hasta gafas de miope. Eso sí, sus actitudes obscenas y provocadoras, esa frescura de chica de barrio y la interactividad con el público, convirtieron su página web en uno de los negocios más saludables del internet independiente. En la actualidad, las chicas hacen cola para formar parte del grupo y sus seguidores se cuentan por decenas de miles. Y todo ello sin abandonar el softcore

Siguiendo la estela de las suicidas, Joanna Angel, una licenciada en Arte y Literatura inglesa, reconvertida en bailarina de strip-tease ocasional, creó Burning Angel, página web que se convertiría rápidamente en una referencia inevitable del Alt porn en su vertiente más dura. Tras su aire ingenuo y su aspecto de chica punk se adivina una inteligente empresaria que ha sido capaz de gestionar su imagen y sus productos hasta convertirse en musa del movimiento alternativo. Aunque estuvo en nómina de VCA, Joanna es propietaria de su propio estudio y de varias exitosas páginas en la red, y escribe, produce y dirige la mayoría de sus películas, que sólo se distribuyen a través de Burning Angel. Su desparpajo sexual y su capacidad para ofrecer un discurso coherente y original le han servido para convertirse en abanderada y portavoz del movimiento, un hecho del que llegó a hacerse eco el mismísimo New York Times.

Y si Joanna Angel es la madre del porno alternativo, Eon McKai es el padre. Tras licenciarse en Cinematografía y decidir centrarse en el cine para adultos, trabajó para VCA y posteriormente para Vivid, donde dirige el sello especializado Vivid-Alt. Admirado y odiado, McKai es un personaje controvertido que ha realizado algunas de las películas más interesantes de los últimos tiempos. Partiendo siempre de una estética urbana, entre lo gótico y lo punk, y unos planteamientos fílmicos atrevidos y originales, McKai construye y desarrolla historias oscuras y trepidantes, cargadas de sexo extremo, pero con la consistencia de quien sabe qué hacer con una cámara. Vanguardista en sus planteamientos, transgresor y hasta subversivo en sus contenidos, Eon Mckai recupera la capacidad de innovar y provocar de los clásicos del género para adultos y del buen cine independiente.

Es cierto que el Alt porn ha sido fagocitado por la industria (la presencia de Vivid en el tema es un claro ejemplo), pero mantiene unas bases que le alejan del adocenado y repetitivo porno actual. En el Alt porn se cuidan elementos fundamentales en el cine /de cualquier género, desde el vestuario hasta la banda sonora, se evita ese sexo mecánico y artificial tan frecuente en el porno, se refresca la estética, se cuestiona la moral, se provoca en lo social, se reivindica lo sexual. Por eso, precisamente por eso, aún me gusta.
José M. Ponce.















