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Porno de papel (II)

Escrito el 26-10-2011 por Jose_Maria_Poncesin comentarios

Revista AVN

(Por Jose María Ponce) – El efecto CHIC despertó a la adormecida industria española. Las empresas de distribución (en este periodo aún nadie producía en España) vendían sus películas al peso. Compraban sin mirar y vendían del mismo modo, mucho más preocupados por las carátulas que por el contenido. La presencia de una crítica independiente y documentada les hizo reflexionar. Hasta la llegada de CHIC, en el porno valía todo. Desde ese momento, ya no. Ese puñado de jovenzuelos aparentemente descerebrados, se atrevía a cuestionar planos,  guiones, escenas, secuencias y hasta interpretaciones. Juzgaban las películas desde una óptica sexual, desde luego, pero también atendiendo a sus valores artísticos, creativos, de producción y de dirección. Los tiempos estaban cambiando.
Premios AVN de 1995

Supongo que los responsables de las distribuidoras debieron considerar que la prensa podía ser una herramienta importante de promoción y decidieron lanzarse a una de sus locas carreras por hacerse con la hegemonía en el mercado. Curiosamente, en esta ocasión no peleaban por derechos de películas, sino por cabeceras de prensa.
En apenas un par de días recibí sendas llamadas de las, por aquel entonces, empresas más poderosas del sector. Querían saber cuáles eran mis condiciones contractuales y ambas me ofrecían dirigir su flamante nueva cabecera. AVN, unos. Hot Vídeo, los otros.
Revista AVN

Acepté AVN porque fueron los primeros. No sé si elegí bien, probablemente no.
En cualquier caso, el problema habría llegado antes o después, con unos o con otros. Los titulares de las cabeceras eran empresas de distribución poco o nada interesadas en la crítica independiente y en la libertad de prensa. Lo que realmente buscaban era comprar a los periodistas para que hablasen bien de sus películas y mal de las de la competencia.
A pesar de que en el momento de hacerme cargo de AVN puse como condición que se respetase rigurosamente nuestra libertad de opinión y el criterio de los redactores, ya en el primer número empezaron los problemas. Por otro lado, acostumbrado a la fluidez de comunicación con el imperio de Larry Flynt, me resultaban extrañas las permanentes dificultades que encontraba en una editorial comparativamente minúscula.

Logo AVN AVN tenía como cabeza visible a su editor, Paul Fishbein, una especie de play-boy de segunda fila, y a su director –Gene Ross- clásico ejemplar de californiano morenazo,  musculado y sonrisa “profiden”. A los dos les preocupaba más cobrar los royaltys que lo que hiciésemos en España con su cabecera. A diferencia del impecable material que recibía de Hustler, AVN me mandaba textos inservibles, fotografías de definición doméstica y contenidos inútiles. Tenía su lógica. La propia filosofía de la revista se sustentaba en servir como soporte a la poderosa industria americana. En realidad, ellos vivían de la publicidad y de las más de 50.000 sex-shops repartidas a lo largo y ancho de los Estados Unidos. La base estética de su revista eran las soberbias campañas de publicidad de los grandes estudios. Y nada de eso tenía sentido aquí, donde ni siquiera se anunciaban las películas.

Revista AVN

Por otro lado, la necesidad de amortizar el dinero pagado por la cabecera imposibilitaba la creación de una redacción autóctona y de un contenido apropiado a la realidad de nuestra incipiente industria. Aunque parezca mentira, en este país es muy complicado convencer a ciertos empresarios de que aquello que funciona en otros países se debe a que enlaza con la realidad de esos países, que no todo es traducible y exportable. Si AVN se hubiese convertido en esa referencia que necesitaba la industria española, la historia habría sido diferente.
No estuve allí, pero la historia de Hot Vídeo me suena a similar, aunque, justo es reconocerlo, con evidentes mejoras en el concepto estético. Pero la ausencia de una dirección profesional, la dependencia del contenido francés y la sumisión a los productos de la empresa madre, acabaron también por convertirla en una parodia del original.
La muerte de CHIC, de AVN y la errática trayectoria de Hot Vídeo acabaron con un periodo fundamental en la historia del porno español: el de la existencia de una crítica independiente y documentada. A cambio, estas publicaciones empezaron a sentar las bases de lo que sería el renacimiento del porno español, algo que estaba a punto de llegar.

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