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Porno en papel

Escrito el 22-09-2011 por Jose_Maria_Poncesin comentarios

Porno en papel

(Por Jose María Ponce) – A principios de la década de los noventa me llamaron de MC Ediciones para dirigir la versión española de Hustler, la emblemática publicación del heterodoxo Larry Flynt. A pesar del carisma de la cabecera, nadie en España se había interesado por ella (la revista Macho coqueteó en los ochenta con su estilo). De las tres grandes –Playboy, Penthouse y Hustler-, esta última era, con diferencia, la que más me interesaba. Esos coños abiertos, las fantásticas fotografías de Clive McLean, Matti Klatt y James Baes y, sobre todo, ese aire radical, contestatario, alternativo y políticamente incorrecto la hacían irresistible. Acepté sin pensarlo.

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Hustler mezclaba con habilidad el sexo, el humor, la denuncia social y la política. Eso, y un presupuesto blindado, me permitió contratar a una variada gama de colaboradores. Decidí que en el mundo de los fanzines y de la cultura underground estaban las plumas más interesantes. Y así, la redacción de Hustler se convirtió en un explosivo vivero de talentos emergentes.

Sin embargo, Huster, aunque publicaba muchos reportajes fotográficos de estrellas del porno americano y europeo, no era específicamente una revista del género. Por eso, cuando durante un viaje a Los Ángeles para entrevistarme con Allan McDowell, director de la edición americana, me ofrecieron editar CHIC en España, lo trasladé inmediatamente a la gerencia de la editorial.

porno en papel

CHIC, que tuvo sus momentos de gloria y glamour, era una cabecera secundaria de Larry Flynt Productions (LFP). Una especie de Hustler en barato. Pero mi idea no era reproducir la versión americana de la revista, sino convertirla en una referencia del cine porno. Mis buenas relaciones con Serge Marqués, redactor jefe de la francesa Hot Vídeo, me había permitido comprobar que una revista que informase de porno desde aspectos periodísticos y no sólo carnales, podía funcionar de maravilla. Y nos pusimos manos a la obra para hacer de CHIC, no una copia de la publicación francesa sino una especie de su equivalente a la española. Y para ello me rodee de un puñado de jóvenes periodistas capaces de ver el porno desde una perspectiva global, aportando información, crítica y, sobre todo, una visión del género subjetiva y personal.

Por las páginas de CHIC pasaron firmas de la talla de Paco Gisbert (Frank Lasecca) Rubén Lardín, Lucas Soler (Casto Escópico) y Manuel Valencia, entre otros, vertebrando un proyecto de crítica independiente y de información rigurosa que equiparaba y trataba al cine porno del mismo modo y con los mismos planteamientos que a cualquier otro género cinematográfico. Incluso llegamos a publicar una historia del porno en fascículos coleccionables, un proyecto que murió cuando fui cesado como director.

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Junto a los reportajes fotográficos de las grandes actrices americanas, CHIC incluía trabajos de producción propia en los que se reflejaban los escasos movimientos de la industria española y los primeros pasos de las aspirantes a estrellas de la pantalla X. Pero los redactores de la revista se desplazaban también a los rodajes cercanos (Italia y Francia, principalmente) y se cubrían las ferias y los festivales de todo el mundo. Desde Las Vegas a Cannes, pasando por Londres o Milán. Sin olvidar, Barcelona, claro está, un certamen del que CHIC fue una especie de motor propulsor de todo tipo de actividades. De hecho, la revista llegó a patrocinar unos premios dentro del recién certamen, galardones que fueron boicoteados por una buena parte de la industria española que no aceptaba de buen grado el carácter rabiosamente independiente de la revista.

Ante la necesidad de tener que reducir costes, MC Ediciones no tuvo otra alternativa que despedirme y obviar así el presupuesto blindado del que yo disponía. CHIC volvió a ser ese subproducto de la factoría Flynt que era, para derivar después en una revista de bdsm y terminar por desaparecer, o eso creo.

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Siguiendo la estela de CHIC aparecieron varias revistas que intentaron seguir la línea editorial que habíamos iniciado. Las ediciones españolas de AVN y Hot Vídeo fueron las más significativas. Pero eso -como diría el tabernero de “Irma la dulce”, la inolvidable película de Billy Wilder- eso ya es otra historia.

José M. Ponce.

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