Un record de gatillazos

(Por Paco Gisbert) -Corría el año 1995 y el porno americano ya había entrado en esa dinámica circense del “más difícil todavía”. A Ron Jeremy se le ocurrió que sólo le faltaba entrar en el Libro Guiness de los récords y organizó una convocatoria para batir la plusmarca mundial de polvos seguidos con la misma mujer. Lo filmaría y su película-reto pasaría así a la posteridad. La protagonista de aquella historia se llamaba Annabel Chong y su hazaña, 251 hombres, abrió la veda para las competiciones sexuales en directo. La marca fue creciendo a lo largo de los años, dio para que el escritor Chuck Palahniuk escribiera una novela basada en este tipo de concursos (“Snuff”) y ha quedado establecida en la actualidad, si mis datos no son incorrectos, en los 2.000 hombres con los que se aparejó Sabrina Johnson hace ya algunos años.

El porno español también tuvo su oportunidad de entrar en la historia del dudoso privilegio de aparecer en el Guiness en la categoría de mayor gang-bang de todos los tiempos. Sucedió hace ya once años, en la octava edición del Festival Internacional de Cine Erótico de Barcelona (FICEB), y la mujer que iba a tocar la gloria con su vagina era la actriz italiana Rossana Doll. Rossana, quien comenzó su carrera artística en el cine convencional, había sido una actriz de cierta notoriedad en el porno transalpino de los noventa y la productora y distribuidora gallega Papillón le ofreció intentar batir el récord del mundo de sexo en un espectáculo en vivo en el stand que la firma montó en el FICEB. La pretensión era llegar a los 600 contactos carnales en los dos días que duró el experimento y, con ese fin, Papillón hizo una convocatoria pública a la que se apuntaron más de 2.000 personas. Sin embargo, a la hora de la verdad, la intentona por conseguir en nuestro país una marca mundial de dimensiones sexuales tropezó con un buen número de dificultades.

Para empezar, el viernes 6 de octubre, primero de los dos días en los que tenía que establecerse la plusmarca, los propietarios del recinto obligaron a Papillón a vallar el recinto para que el espectáculo sólo se pudiera presenciar desde dentro del “stand” de la firma gallega. Para colmo, el número de voluntarios no fue el esperado. Los llamamientos, en plan alistamiento militar, del animoso “speaker” de la organización sólo consiguieron enganchar a un centenar de hombres (en vista de la precariedad, se pidió incluso la presencia de mujeres sobre el escenario), pero la gran mayoría de ellos no lograban consumar su objetivo por diversas causas: la presión, la ingesta de alcohol o la poca excitación que produce hacer el amor ante la mirada de varios centenares de personas. El desfile de compañeros de tálamo de Rossana Doll se interrumpió en dos ocasiones y las perspectivas de lograr el récord parecían desvanecerse.

El sábado 7 amaneció teñido de polémica.Una sabrosa crónica del periodista Guillem Martínez publicada en las páginas del diario El País encendió la caja de los truenos. Los propietarios de La Farga presionaron a la organización del festival para que obligara a Papillón a clausurar la competición erótico-deportiva al considerarla “inapropiada”. El resultado fue que, hasta las tres y media de la tarde, no pudieron reiniciarse los encuentros con Rossana. Durante tres horas, unas doscientas personas hicieron cola para poder cohabitar con la actriz porno en un pintoresco espectáculo que se asemejaba más a una ventanilla administrativa que a un espectáculo erótico. Los voluntarios subían ordenadamente al escenario y eran “precalentados” por tres solícitas muchachas que los estimulaban bucalmente para llegar en plenas condiciones al lecho de amor con Rossana. Algunos no traspasaban esa criba, sea por la habilidad de las “calentadoras”, sea por la imposibilidad de presentar una herramienta en condiciones para el envite. Finalmente, como si de una selección darwiniana se tratase, los que sobrevivían intentaban gozar en compañía de la Doll, con diversa suerte.

Pero, a media tarde, la organización del festival decidió cerrar el chiringuito. Unos cuatrocientos hombres habían participado en un intento de récord que acabó de la peor manera posible, con la misma decepción que España en unos Juegos Olímpicos de invierno.















